Cómo las cámaras aprendieron a pensar mientras enfocaban
Al principio, apretar el disparador significaba delegar en reglas fijas: detectar contraste, medir luz promedio y rogar por estabilidad. Con la llegada de detectores de rostros, seguimiento por características y modelos que predicen movimiento, el botón comenzó a razonar. La IA no reemplazó al ojo; lo asistió, anticipando respiraciones, vibraciones y escenas complejas que antes confundían al modo automático.